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Un matrimonio boricua dedica su vida a los necesitados

May 23, 2017

 

Emmanuel López es el fundador del Instituto Pro Conciencia y  Lourdes Ortiz es la directora del Instituto para el Desarrollo Humano a Plenitud de los Centros Sor Isolina Ferré

 

Los hebreos celebraban en la pascua el fin de la esclavitud impuesta por Egipto. Los cristianos celebran la victoria de la vida sobre la muerte. Y en el caso de los esposos Lourdes Ortiz Berríos y Emmanuel López Colón esta pascua en particular podría representar su celebración por la victoria del amor sobre el materialismo.

 

El amor por los jóvenes los hizo conocerse en principio, pero la opción que hicieron por ellos -arriesgando incluso su estabilidad económica- los ha hecho cómplices a lo largo de 25 años de matrimonio y, en el caso de él, durante 30 años de tocar conciencias en más de 5,000 conferencias en las que ha promovido el amor que no depende de sentimientos.

 

 

El fundador del Instituto Pro Conciencia y la directora del Instituto para el Desarrollo Humano a Plenitud de los Centros Sor Isolina Ferré se conocieron a principios de la década de 1990 ofreciendo talleres a jóvenes católicos que asistían a la Escuela de Líderes en la Diócesis de Caguas. Ya cada uno tenía su historial de “rebeldía” contra las normas de una sociedad cada vez más violenta y materialista

 

Ella, que es trabajadora social, había comenzado su apostolado ayudando a sobrevivientes de violencia en instituciones como la Casa Protegida Julia de Burgos, el Hogar Nueva Mujer, el Centro de Ayuda a Víctimas de Violación del Departamento de Salud y -por los pasados 27 años- en los Centros Sor Isolina Ferré. Él impulsaba una empresa de servicios biomédicos especializada en reparación de equipos y había comenzado a dar charlas en iglesias y escuelas sobre conceptos de comunicación y manipulación que había descubierto en el libro “Seducción subliminal”, escrito por Wilson Bryan Key.

“Tenía como tres o cuatro imágenes de cómo había técnicas de seducción, especialmente por vía sexual, de maneras no advertidas dentro de los anuncios de aquella época. Le hablé del tema a alguien y me dijo 'llévalo a la parroquia para que hablemos de eso un día' y ese día se le mostró las laminitas (del libro) a un grupo de jóvenes.

 

Lo curioso es que (a pesar de lo sencillo) quedó bien montaíto, y alguien dijo 'oye, vamos a llevarlo a este otro sitio'. Sé que llevándolo de un sitio hacia otro, fue de Orocovis que me dijeron 'vamos a llevarla a una escuela', y fuimos a la escuela. Y ahí empezó a darse como una especie de multiplicación porque donde quiera que iba todo el mundo quería escuchar del asunto”, relata López Colón sobre ese periplo que comenzó el 16 de octubre de 1987, según consta en el diario que escribía entonces.

 

Es decir que mientras ella se concentraba en ayudar a personas lastimadas a hacer introspección para sanar sus heridas y levantarse, él recorría comunidades visitando escuelas, iglesias y cárceles, haciendo cuestionamientos al 'statu quo' en conferencias públicas, provocando cambios con su voz, que como cobra infinitos matices cautiva hasta a los más distraídos.

 

El asunto de la seducción subliminal que analizaba, ya de manera colectiva, con las comunidades, cobró una nueva dimensión cuando alguien le sugirió dar una mirada a la música. Ni corto ni perezoso comenzó a investigar.

 

“Yo no tenía la más mínima idea, y menos con lo roquero que era en aquel tiempo. Me dijeron 'hay un hombre que está en la escuela Aguayo Aldea, es un maestro, se llama profesor Limery y el hombre sabe mucho'. Cuando llegué aquel día al salón de Limery, que daba clases de inglés, me miró de arriba a abajo, me hizo una seña como de aprobación, nos sentamos y no se en qué momento me dice: 'Tan pronto entraste por esa puerta te reconocí. Te estaba esperando'. Y el hombre me soltó todo el conocimiento que tenía, me soltó toda la información que tenía. Me llevó a conferencias, porque él también daba conferencias, me capacitó y desapareció, hasta el día de hoy”, cuenta López Colón.

 

 

Fue en esa etapa que conoció a su hoy esposa en la Escuela de Líderes. Cuando sus caminos se cruzaron, la química entre ellos fue inmediata. Esa química se percibe todavía. Conversan como si danzaran, en total sincronía. Son muy diferentes, pero se complementan. Ella es calmada y reflexiva, él inquieto, informal y gracioso al hablar, pero a la vez serio, profundo.

 

“Desde ese proceso empezamos a caminar juntos, nos casamos y ambos hemos hecho una opción por el servicio a nuestros hermanos. No tuvimos hijos, tuvimos dos embarazos que no se lograron en ese entonces y nuestra vida se convirtió en una vida de servicio, cada uno desde su proyecto, donde fuimos plantados”, reflexiona Ortiz Berríos.

 

Aceptada esa realidad, los esposos continuaron su caminar hasta que se les presentó una crucial disyuntiva. En lugar de cobrar las horas extra que trabajaba en la empresa de servicios biomédicos, López Colón solía utilizar tiempo compensatorio para llevar sus conferencias gratuitas a escuelas. Sin embargo, la empresa estaba creciendo y requería más su presencia.

 

“Le dije a Lourdes: 'Lourdes, son nuestros hijos -porque tenemos una maternidad y una paternidad desbocada en la juventud puertorriqueña, los muchachos que están en la calle, los desertores, todos estos muchachos en las escuelas que nadie los atiende, que necesitan escuchar que se puede vivir de un modo diferente- o me dedico a reparar equipo médico y hacemos chavos'. Y decidimos por la primera: 'Vamos a optar primero por la vida, por los muchachos, por la juventud, y que Dios se encargue'”, recuerda.

 

Era el año 1998, tenían seis de casados. Ortiz Berríos asumió el sustento del hogar. Lo que ocurrió luego los sorprendió.

“Tan pronto dimos el salto para decir 'vamos a vivir de lo que aparezca', ¡Dios mío!, ahí fue que… Yo no tenía medios publicitarios, pero sin embargo ahí fue sorprendente porque ese teléfono empezó a sonar y a sonar y a sonar, y la gente me paraba en la calle… Si antes le habían dado pela a las conferencias, entonces se volvió epidémico. Y ahí se empezó a cobrar, (pero) el dinero no es el norte, que eso es lo que separa esto del capitalismo, porque en el capitalismo el valor del dinero está por encima y todo lo demás se sujeta a cómo hacemos chavos. Aquí el proyecto ha sido que las personas siempre han estado primero”, afirma López Colón aclarando que cuando la comunidad no puede costear las conferencias ni aportar un donativo, se le requiere una asistencia mínima de entre 250 y 500 personas. “Para mí la paga son esos jóvenes (a los que puedo llegar). No hay precio. Realmente, no hay precio”, recalca.

 

Pero, ¿cómo vivir pendiendo de un hilo en época de estrechez económica?

 

“Nosotros hemos tratado de asumir un estilo de vida a tono con lo que podemos. No nos hemos dejado seducir y atrapar por todo esto que el sistema nos dice: que si tal casa, que si tal carro, que si tal… todos esos tal, que vivimos corriendo detrás de ellos. Pues hemos aprendido a no hacerle el juego al consumismo y a vivir de acuerdo a nuestras posibilidades, y construir la felicidad a base de otras cosas un poquito más profundas, más allá del tener cositas, que muchas veces la gente siente que es lo que le hace feliz. Eso nos ha dado una manera de, como pareja, controlar gastos y saber que cuando se puede, se puede y cuando no se puede, no se puede”, comparte Ortiz Berríos.

 

Asegura que de ese modo, no solo lograron saldar su casa en tiempos en que muchas familias la perdían, además pueden salir a pasear, comer en restaurantes y hasta viajar, aunque muchas veces los viajes también sean para servir a poblaciones en necesidad fuera de Puerto Rico. De hecho, el haber conocido de cerca durante sus misiones en y fuera de Puerto Rico la necesidad y la pobreza, también les ayuda.

 

“Venimos de una formación misionera en nuestro fundamento. Teníamos ya un compromiso que había nacido con nosotros y que fue parte de nuestro matrimonio, desde que nos unimos teníamos ese deseo de que nuestras vidas fueran vidas dedicadas a los que nos necesitaran, a los jóvenes, a las comunidades, y cuando llegó ese momento de tomar esa decisión como que fue: '¡Vamos a hacerlo!”, afirma la trabajadora social.

 

Comenta que llegado el momento, consideró que debía apoyar el que su esposo empleara el don de palabra que tenía para llegar a la gente, del mismo modo que él la había acompañado a ella en sus procesos de crecimiento y servicio, siendo siempre fieles a lo que les dictaba la conciencia.

“No queríamos que en nuestra familia, nuestro hogar, nuestro matrimonio lo que guiara la experiencia fuera las normas de una sociedad, lo que nos dice la sociedad que debe ser una familia y cómo hay que moverse, sino que fuera el servicio, que fuera la misión, que fueran los que lo necesitan, y en base a eso nos arriesgamos y listos, como hemos estado desde ese momento y durante todos estos 25 años”, plantea la entrevistada.

 

“Nosotros somos sencillos. Punto”, recalca su esposo. La vida les ha confirmado algo que planteaban desde antes de casarse: que el amor es más que un sentimiento y se fortalece con voluntad. Precisamente ese es tema central de la conferencia “Amor, grajeo y control”, una de cuatro que actualmente presenta el Instituto Pro Conciencia. “Los actos de amor más grandes que hemos tenido entre nosotros, tienen que ver con la voluntad, no con el sentimiento, (en mi caso) especialmente cuando yo no deseo hacer algo, pero sé que le hace bien, aunque me cueste, aunque me jorobe por dentro, lo hago, independientemente del estado emocional”, explica López Colón.

 

En 30 años de evolución, que se cumplen en octubre, el proyecto de este hombre ha tocado decenas de miles de vidas con diversas conferencias, incluida la más reciente, “El pensamiento crítico”, que propone “vivir desde las relaciones humanas dentro de la crisis económica”. ¿Habrá mejor pascua que esa?

 

http://www.elnuevodia.com/estilosdevida/hogar/nota/unmatrimonioboricuadedicasuvidaalosnecesitados-2310794/

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 Y por último, el hecho de poder compartir con la gente especial que transmite y aporta tanto material en tan poco tiempo, me dejó una huella donde cuanto más tomo conciencia más me doy cuenta del trabajo incansable que es llevar paz y ser humano.

 

 Gracias por siempre, gracias por haber elegido ese camino, porque sin tal vez comprenderlo, afectan en buen sentido el camino de muchas personas, en este caso el mío y  las personas que están dentro de  él”.

Dario Agustin Ronconi 

Orlando, Florida 

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August 16, 2016

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